martes, 4 de enero de 2011

Reflexión Bloque III: Los textos de autor

En este tercer bloque de la asignatura, que lleva por título Los textos de autor, hemos trabajado todo lo relacionado con este tipo de textos, y además, hemos conocido muchos cuentos infantiles de autor.

La principal característica de los textos de autor, como su propio nombre indica, es que tienen autor propio, aunque este sea anónimo. Se nota que son de autor por su forma de estar escrito, por el estilo que éste le da.

Por ejemplo, el Lazarillo de Tormes es anónimo. Con el tiempo se ha dicho que su posible autor es Tirso de Molina. A ciencia acierta no se sabe cuál es su autor, ya que este no quiso poner su nombre en la obra, pero lo que está claro es que tiene autor, lo cual es la principal característica de los cuentos de autor.

Los contenidos de este tipo de texto están suscritos a derechos de autor, por lo que no sería lícito adaptar su texto ni mucho menos publicarlo. Y es que mientras que los textos folclóricos son adaptativos, los de autor son selectivos, lo cual implica seleccionarlos según las características de los destinatarios en vez de adaptarlos.

Por muy bien que se nos de escribir, no deberíamos reescribir los libros que leemos, no es lícito.

El mercado de la literatura, y más si hablamos de la literatura infantil, es un mercado dinámico. La mayoría de los libros, y más los infantiles, se editan y publican una sola vez y luego desaparecen. Por este motivo, y en cuanto a la selección de cuentos de autor, podemos hacer dos cosas: la primera opción es que un especialista en literatura infantil, en este caso mi profesora Irune, te recomiende alguno para apuntar su título, su autor, su editorial y demás características, para luego comprarlo.

Esto está muy bien, pues hay cuentos tan buenos que salen al mercado y se reeditan una y otra vez, lo cual nos facilita el poder encontrarlo en las librerías especializadas. Tengo una publicación en este blog, del día 30 de noviembre del 2010, con título “Lista de libros de autor muy interesantes”, en la que aparece una lista con cuentos infantiles de autor muy buenos con los que me tengo que hacer. (http://literaturainfantil-quitaqueahoraleoyo.blogspot.com/2010/11/lista-de-libros-de-autor-muy.html).
Casi con seguridad, en cualquier librería infantil especializada los encontremos, por lo que ya he dicho: son tan buenos que se reeditan una y otra vez.

Pero habrá otros cuentos de autor, también muy buenos, que se escriban y se editen una sola vez y que luego desaparezcan y ya nos sea muy difícil, incluso imposible, encontrarlos. Ante este mercado dinámico nos queda la segunda opción: saber cómo analizar un libro, para luego seleccionarlo y utilizarlo para nuestra aula, para un grupo de niños y niñas con características y necesidades muy diferentes.

Son de sobra conocidas las ventajas de emplear cuentos en un aula de Educación Infantil, pues bien, para emplearlos, podemos recurrir a varias opciones: una de ellas puede ser coger un cuento folclórico, aunque algunos se empeñen en decir que son machistas (http://literaturainfantil-quitaqueahoraleoyo.blogspot.com/2010/12/la-igualdad-no-se-aprende-en-los.html), y adaptarlo para nuestro grupo de alumnos. Otra opción podría ser, recurrir a algún cuento de autor que sepas que es interesante emplearlo en tu aula. Pero se puede dar el caso que busques algún cuento, de un tema concreto. Ante esto, debes saber cómo analizar un cuento.

De acuerdo, ¿y cómo se analiza un cuento? Pues teniendo en cuenta unos aspectos a analizar, además de que el formato sea cómodo si queremos emplearlo en nuestra aula, es decir, que sea un formato grande para que no haya conflictos del tipo: “A ver, a ver. No veo, profe”. Estos aspectos a analizar son: características del receptor, emisor, tema, estructura (planteamiento - nudo acumulativo - desenlace), espacio y tiempo en el que se desarrolla la acción, lenguaje y por último, valores y contravalores.

Estos aspectos están mucho más desarrollados en una publicación que añadí a este mismos blog el día 20 de noviembre de 2010, con el título “Análisis del libro infantil”. En esta publicación, además, se ponen varios ejemplos de cómo se analiza un cuento infantil (http://literaturainfantil-quitaqueahoraleoyo.blogspot.com/2010/11/analisis-del-libro-infantil.html). Aunque, por supuesto, esto se hace de memoria.

Haciendo un breve recorrido histórico, y como ya vimos, los cuentos folclóricos se emplearon como recurso infantil para entretener a los más pequeños en las guarderías, pero nadie escribía para ellos.

En el siglo XIX es cuando se empieza a escribir literatura infantil. Un escritor muy destacado en este sentido fue Julio Verne, con su obra “La vuelta al mundo en 80 días”.

Aunque las obras de estos tiempos eran para destinatarios jóvenes, los más pequeños también leían estas novelas, ya que eran lo único que tenían. Por estos tiempos, sólo existían novelas para adultos o para jóvenes, por lo que, como es lógico, los pequeños se decantaban por leer literatura juvenil.

Se empieza a publicar cuentos para público de menos de 6 años en los años sesenta del siglo XX. Entre sus características destacan que tenían muchos dibujos, estaban plastificados, eran más gruesos, la letra era infantil y grande... Aún así, no será hasta los años 90 cuando lleguen los “álbumes de imagen”. Es decir, el boom de la literatura infantil para público infantil. Una de las características de estos álbumes era que tenían lo mismo de texto que de ilustración. Es por este motivo por el que los años 90 son los años de los ilustradores.


Ilustración de Rebecca Drautemer

Hemos llegado hasta el punto de buscar cuentos infantiles por sus imágenes, en vez de por su texto. Creo que deberíamos buscar un equilibrio entre ambos, pues se puede dar el caso de tener un cuento con unas ilustraciones fantásticas pero que el texto, el argumento en sí, no valga para mucho.

Es mucho más difícil escribir literatura infantil que juvenil o de adultos, ya que en el primero es necesario conocer los intereses de los niños.

Continuando con el recorrido histórico de la literatura infantil, el famoso editor Saturnino Calleja, por los años 20 del siglo XX, tuvo la fantástica idea de abrir el mercado literario a mucha más población. Lanzó ediciones muy, muy pequeñas, muy baratas y con papel de mala calidad, pero gracias a estas características, sus ediciones eran muy accesibles para las clases más bajas.


Dos ejemplares de Saturnino Calleja

Tras la Guerra Civil, fueron muchos los autores que con sus publicaciones quisieron imitar a Calleja. Publicaron libros muy baratos pero no tan pequeños como los del pionero. Éstos cuentos, además, no tenían pastas duras en la portada y respecto a las ilustraciones, o bien no tenían, o éstas eran muy pobres, lo cual abarataba su coste. En estos tiempos predominaban los cuentos infantiles religiosos.

Allá por los años 30, apareció la escritora Elena Fortún, y con ella, el primer personaje literario infantil real. Hasta la fecha, todos los personajes de los cuentos eran planos, por lo que los niños y niñas de la época no se podían identificar con ellos. Claro, como se pensaba que los niños de entonces eran tontos... ¡qué más daba!. Celia, el personaje real y de carne y hueso creado por Elena Fortún, llegó a ser muy famosa: de unos 6 años, rubia, guapa, traviesa y buena persona. Lo importante de Celia es que permitió a las niñas de la época sentirse identificadas con ella. Para no discriminar a los niños, Elena Fortún creó al hermano varón de Celia.


             Algunos cuentos de la Colección “Celia”

Elena Fortún hace crecer a Celia de la misma forma en la que lo hacían las niñas seguidoras de ella. Esto nunca se había hecho, lo de que un personaje de cuento creciera en el tiempo era completamente novedoso, por lo que gustó e impactó.

Antes de Celia, además de que los personajes eran planos y no permitían identificarse con ellos, los personajes siempre tenían la misma edad. Lo único que cambiaba es que pasaban sus mismas aventuras en otro lugar. Celia, al final, se hace mayor, estudia magisterio, se enamora... hasta que finalmente, Elena Fortún Muere.

También aparecieron, en estas fechas, los primeros cómics de la historia. Éstos no tenían bocadillos pero su formato era muy parecido a los cómics de ahora: muchas ilustraciones y no tanto texto.


Ejemplo de uno de los primeros cómics: Mari Pepa

Con el tiempo, evolucionó la calidad del papel, de las ilustraciones... Estamos hablando de los años 60 y 70 del siglo XX. Es entonces, cuando aparece en el campo de la literatura infantil Ferrándiz, ilustrador español y escritor de poemas y cuentos infantiles.


Colección de Ferrándiz

Hoy en día, muchas de sus obras se han reeditado por la editorial Flaximil, que mejora el papel de los cuentos del ilustrador y escritor, pero que mantiene el texto y las ilustraciones.

También es importante destacar los cuentos de la época que estaban plasmados, tanto el texto como la ilustración, en postales.


Cuento de La Cenicienta en postal

Como ya he dicho, Celia fue el primer personaje literario infantil que dejó de ser un personaje plano para ser uno real, que permitiera a los lectores identificarse con ella. Pero claro, lo de identificarse con el personaje de una obra depende de los gustos que tenga el lector.

Un estudio ha descubierto que los libros que más nos gustan son con aquellos en los que nos podemos identificar con alguno de sus personajes. No tiene por qué ser físicamente, o sí, pero hace más referencia a los aspectos psicológicos del personaje. También, aquellos libros en los que vemos reflejado en alguno de sus personajes, a algún familiar o amigo

Pondré como ejemplo para explicarme mejor la colección de libros de Harry Potter, escrita por la autora británica J. K. Rowling.


Colección de Harry Potter

Harry Potter pertenece a la literatura fantástica, pero él es un niño real: tiene 10 años, va a empezar los estudios secundarios y es huérfano. Hasta aquí, cualquier niño o niña se podría identificar con él. Su historia es la historia de cualquier niño normal envuelta en la fantasía. Según Harry se va haciendo mayor, descubre que su padre no era como él se lo esperaba: perfecto. Creo que esto nos ha pasado a todos, ¿no?. Cuando somos pequeños, creemos que nuestros padres son los mejores del mundo, que sólo tienen cosas buenas, pero según nos vamos haciendo mayores nos damos cuenta de que no son tan ideales como creíamos.

Harry Potter refleja la historia, quitando lo de poder volar sobre una escoba, tener una lechuza como mascota, tener un amigo que mide casi 3 metros y un profesor invisible, de cualquier niño o niña.

La colección de libros de J. K. Rowling ha tenido siempre mucha polémica, pero tenemos que ser conscientes de lo mucho que enganchó a la lectura a niñas y niños como yo. Cuando salía a la venta uno de sus libros, dejábamos un rato de ver la televisión, para hacer cola en alguna librería y para leerlo y releerlo una y otra vez.

Retomando el tema de poder identificarnos con los personajes de los cuentos, quiero decir que no es lo mismo “identificarse con”, que “querer ser como”. La primera expresión hace referencia a reflejarse con el personaje por tener una vida similar, es decir, que nos pasen las mismas cosas, mientras que la segunda expresión hace referencia a que nos gustaría ser como ese personaje por lo guapo que es, lo listo... Por ejemplo, y volviendo a utilizar a Harry Potter, me puedo identificar con ese niño, pero para nada me gustaría volar en una escoba (sí me identifico, pero no quiero ser como él).

Para ir finalizando mi reflexión de este boque III de la asignatura, quiero decir que no sólo encontramos textos de autor en prosa, también tiene poesía y teatro característico, aunque no tanto.

Hasta la llegada y las publicaciones de Gloria Fuertes, sólo podíamos encontrar poemas de autor infantiles pero que ni siquiera se ajustaban a este público. Los niños los recitaban sin ni siquiera saber qué significaban, lo hacían de carrerrilla porque a sus padres y a sus profesores les gsuataba, pero nadie se interesaba por si les gustaba o no.

Gloria Fuertes fue la primera persona en escribir poesía infantil con juegos de palabras y con historia y personajes absurdos.


El camello cojito de Gloria Fuertes

El camello se pinchó
con un cardo en el camino
y el mecánico Melchor
le dio vino.

Baltasar fue a repostar
más allá del quinto pino....
e intranquilo el gran Melchor
consultaba su "Longinos".

-¡No llegamos,
no llegamos
y el Santo Parto ha venido!

- Son las doce y tres minutos
y tres reyes se han perdido-.

El camello cojeando
más medio muerto que vivo
va espeluchando su felpa
entre los troncos de olivos.

Acercándose a Gaspar,
Melchor le dijo al oído:
-Vaya birria de camello
que en Oriente te han vendido.

A la entrada de Belén
al camello le dio hipo.
¡Ay, qué tristeza tan grande
con su belfo y en su hipo!

Se iba cayendo la mirra
a lo largo del camino,
Baltasar lleva los cofres,
Melchor empujaba al bicho.

Y a las tantas ya del alba
-ya cantaban pajarillos-
los tres reyes se quedaron
boquiabiertos e indecisos,
oyendo hablar como a un Hombre
a un Niño recién nacido.

-No quiero oro ni incienso
ni esos tesoros tan fríos,
quiero al camello, le quiero.
Le quiero, repitió el Niño.

A pie vuelven los tres reyes
cabizbajos y afligidos.
Mientras el camello echado
le hace cosquillas al Niño.


Gloria Fuertes escribió tanto la forma como el contenido, e incluyó en infantil lo absurdo, el nonsense (sin sentido).

Respecto al teatro de autor, decir que este es casi inexistente. No se escriben libros con teatro de autor para niños, sí se hace para adultos, aconsejando que se coja una historia y se modifique añadiendo personajes comunes a las características de cada alumno.

Por último quiero decir, que gracias a este bloque he podido conocer los cuentos con los que mi madre y mis tías, incluso mis abuelas, se divertían. También he obtenido del mismo, una lista de libros que, según mi entender, no me pueden fallar en mi aula de infantil, y me atrevería a decir, que ni en mi vida. Pero lo que más valoro de este bloque, lo que más, es haber conocido las pautas que tengo que seguir para poder comprar cuentos infantiles adecuados a mis futuros compañeros pequeños de aprendizaje, así como, en dónde.
 

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